Eventualmente me la creí y comencé a hacer cosas interesantes o buscar nuevas maneras de sorprenderme a mí misma y a mis allegados. Tanto que llegué al punto en el que me estresaba por no salir de lo mismo y pensando que todos esperan la gran cosa de mí y solo estaba logrando decepcionarlos.
Lloraba infindad de horas matirizandome en el mismo círculo vicioso de que si todos dicen que soy buena para X o Y cosa y algo no me salía bien a la primera, es porque no soy suficiente y solo vivía para fracasar.
Me sucede muy constantemente que es fácil captar la atención de las personas, sobretodo aquellas que parecen aprender muchas cosas de mí, o se contagian de mi espíritu o actitud, personas que se les puede considerar normales o promedio, sin embargo, mi mente desecha sin pensar halagos o felicitaciones de esas personas, solo toma en cuenta aquellas personas que de alguna manera admiro o se que han pasado por el mismo camino que yo o personas que yo considere aportan algo a mi vida. No es que desprecie a las otras, simplemente tomo más en cuenta aquellos de los que suelo aprender constantemente.
Porque para mí, el conocimiento es un gran poder.
Así que, he ahí otra gran frustración, mi pesar recae cuando no obtengo el reconocimiento de alguien que admire.
Mis fijaciones en el sexo opuesto suelen ser de esa índole, suelo fijarme en aquellos que sé no se fijaran en mí, que no se impresionaran fácil por lo que hago o digo, por tanto no me tomarán en cuenta tan rápido. Que tendría que ganarme su atención de alguna manera, incluso llego a pasar por la fase en la que tal vez el ser tan extrovertida sea un problema y procuro calmarme temiendo asustar a esa persona, tras reflexionar al respecto tal vez mis fijaciones estén un poco descalibradas y deba reconsiderar este aspecto. Porque, ¿que sentido tiene ocultar quien eres? Si al final de cuentas van a conocer esa parte de ti, y quizás, igual ni les gustes.

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